lunes, 10 de junio de 2024

Terminator: 6 1/2 The rise of the machuchins

 

Hace unos meses andaba navegando por el internet un rato y me topo con la noticia de que unos científicos japoneses se han inventado un robot garota, uno que sube y baja las escaleras, que atiende un bar, que modela vestidos de novia. Una maravilla de aparato. Luego, par de semanas después, veo que ahora los gringos han creado un robot que parece becerro que sirve para cargar cosas para que los soldados gringos ya no tengan que depender de los latinos para estas incomodas labores. De la misma nota en la que leí eso del robocerro, o becerrobo, o vesapendejadaunrobotqueparecebecerro, salté un link mas allá y leí que también tienen robots que vuelan y que tienen una cosa llamada “autonomía de objetivo”, que significa que cuando ven algo que no les gusta pueden interpretar lo que ven y decir que es enemigo, y con permiso de Don General gringo de turno, sacarles la reflectaflauta a dichos objetivos.



Esos robots voladores con armas tucasas andan surcando los cielos de Irak y Afganistan, cazando shawermistas, digo insurgentes, y reventandoles con cohetes teledirigidos (deberian ser talidirigidos) dandoles más razones para meter explosivos camuflados en los aviones de american airlines.

La semana pasada, en la misma página, sale la noticia de que a uno de estos robots, llamado cariñosamente “Predator” se le rayó la teja y determino que un objetivo válido era su propia base, así que pidió permiso para atacar, y por uno de esos azares del destino (tal vez el operador pensó que era solicitud del facebook) le dieron autorización para atacar, y se pegaron el susto de la vida, porque pensaron que su predatorsito les iba a reventar la norteamercanahumanidad. A la final, no les quedó otra sino mandar un avión, pero ya con gente adentro, a tumbarle el aparato y evitar que su propio robot les “parta el kiosco a la mala”. (Término militar usado en situaciones como estas).

Semejante incidente me hizo acuerdo de una de las joyas del cine gringo, una película que me quitó noches enteras de sueño e hizo que tenga un martillo siempre presente cerca de la tostadora, solo por si acaso: Terminator.

Acaso no se dan cuenta de que ponerle armas a un robot es como prácticamente pedirle que nos venga a matar? No se dan cuenta de que la única razón por la que las vacas no dominan el planeta es porque no les hemos dado acceso a armamento? Los cuyes no se han revelado solo porque no tienen pulgares para sostener las escopetas, los perros no se han revelado porque es difícil disparar una pistola en 4 patas! Los monos no se han revelado contra los seres humanos, porque estan demasiado ocupados siendo hinchas del barcelona, pero esa es otra historia.

Como van a darles armas a los robotos?! Brutos mismo son los gringos! Tanto fat free les ha hecho very mensos!

Acaso la gente no vió Terminator? No vio lo que pasa cuando los hombres de fierro y alambre tienen capacidad destructiva? No. Los gringos mensos les dan armas a los armatostes y luego tienen que usar misiles para bajarles. Misiles que de chiste en chiste son como los primos menos habiles de los robots.

Hay que preparase para el apocalipsis que se avecina, hay que buscar un John Connors , un Juan Cóndor que nos salve, que se plante, que les haga frente, que les desenchufle (si, así se dice cuando es con maquinas mortales) y nos haga salir victoriosos en la batalla por la raza humana.

Juan Cóndor nos salvara, el Ecuador es la clave de la batalla final. Los robots llegaran acá, nos armaran bronca, habrán muertos, habrán heridos, habrá paro de la UNE y paralización de los taxistas, pero les haremos frente, porque en algún momento se les dañaran las maquinas y tendrán que esperar a que autoricen la importación de repuestos, luego los técnicos estarán indispuestos, luego habrán irregularidades en los contratos, luego las maquinas tratarán de aprovechar de la mayor debilidad del ser humano: la modorra de las 6 y media de la tarde, pero es ahí donde tenemos todas las de ganar, porque el Ecuador es mi pais carajo…


En medio del apocalíptico ataque final, 6:30 de la tarde, los humanos armados con palos, piedras, escobas, botellas de pilsener y chancletas de dedo, se enfrentarán a las maquinas porque cuentan con el apoyo incondicional del némesis de la tecnología. El infaltable apagón de las 7.

Maquinas mortales, predators armados hasta los dientes, licuadoras letales sin tapa y con sed de sangre sucumbirán.

Y será entonces cuando Juan Cóndor, cante victoria en los hombros de una de estas inertes maquinas de batalla a la luz de la “esperma” de doña Leonor, veterana de la vida misma.

Las maquinas, chatarras obsoletas, recuerdos de la tecnología decedente cubrirán las calles, se amontonarán en los basureros, existirán solo para estorbar hasta el proximo año, cuando al mas puro estilo de Matrix las maquinas nos vuelvan a atacar. Y será entonces cuando el elegido saldra de entre las cenizas, o mas bien desde carondelet, a avisar que no hay luz y que no hay nada que hacer.


Uno sobre pelis, series y la nostalgia del videoclub

Desde que era guagua me consideré amante de las películas. Me gustaba ver de todo, y me gustaba volver a ver de todo. Por donde yo vivía cuando era mas pelado, había un videoclub (de hecho, creo que sr. sigue ahí) que tenía los dvds que no se conseguían nomás en cualquier lado, y si no tenia la pelicula tenia las sugerencias. 

También, allá por los tempranos noventas, sabían descuidarse a la madrugada en los canales nacionales y se mandaban unas joyas del cine. Ahí conocí las mejores de terror, ahí me asuste por primera vez viendo las películas de zombies y de comedia gore, y por ahi también empecé a reconocer a los actores y directores. Ahí vi por primera vez al Wesley Snipes hecho vampiro y al Freddy Krueger sin la voz del papá de ALF.


Con el tiempo, empezó la locura de los superhéroes, y la fórmula perfecta del cine fácil y entretenido se había perfeccionado. Todo era ponerle un poco de acción, la bola de efectos especiales y de vez en cuando meter algún chiste medio sonso y una referencia musical que me cause nostalgia. Me enamoré de las ciento ochenta películas que salieron y me las vi todas, dos veces. Al mismo tiempo, no había sorpresa ni novedad, ya sabía quién iba a ganar y la emoción venia de ver si le atinaba a alguna de las teorías locas que vi por ahí en internet.


Así pasaron los años, las películas que me encantaron de pelado empezaron a tener remakes, y secuelas y precuelas a niscuelas que ya me estresaron más bien. Tanto llegó a molestarme esa necesidad de rehacer lo que ya estaba hecho, que deje de ver peliculas y empecé a ver series. Series que me recomendaban, que me amanezaban de sacar de grupos si no veia y series que empece a ver porque ya no estaba entendiendo el pop culture alrededor mio.

Tambien hubo una serie que solo vi por la Emilia Clarke. 9 temporadas me pegué.


Creo que ya dije antes, y estoy empezando a creer que me estoy convirtiendo en uno de esos, pero pasaron los años y encima de todo, empecé a tener menos tiempo, menos ganas y menos pelos en la lengua (y en la cabeza), por lo que ya me empecé a hacer más chinchoso con lo que veía.  Ahora, con menos tiempo, con los intereses más definidos y los fetiches más aceptados, me he puesto a buscar contenidos (lejos de la tv nacional) y en lugares que me dejan vivir en paz mi déficit de atención. 


Ya pasé por el drama histórico, ya me vi la serie del ajedrez, traté la de los coreanos y hasta intenté con Pasión de Gavilanes (sugerencia del netflix porque me gustó Naruto) y no mismo pude con la casa de papel. De chiste en chiste, y casi sin querer, caí en una pagina de peliculas y series piratas que no mencionaré aquí pero que diré rima con “Cuevana” y me encontré con la mejor respuesta a la saturación de superheroes y patriotismo que he visto en mucho tiempo. Ya quedamos, los superheroes me gustan, lo que me cansó era esto de que todas sean igualitas. Esa serie se llama The Boys (pésimamente no traducida como “Los Guambras”). Salió en el amazon prime. No tengo idea como se consigue eso y a como le sale, pero aqui lo importante es la otra cosa. Una subversión de expectativas unica y maravillosa, que me ha dejado lo que es, pasmado.


En The Boys, resulta que en este mundo donde vivimos ahorita, la gente con poderes si existe. Existe y es tan real como el departamento de marketing, la oficina de relaciones públicas y los reality shows. Un mundo tan puerco como este mismo, pero con el detalle adicional de que hay un Superman (que no se llama así, pero vuela y toma leche), una WonderWoman, que tampoco se llama así pero tiene hasta la misma costurera, un Flash (que acá es afroamericano, apostador y mujeriego) y un Aquaman, que no tiene esa sensualidad animal del Momoa sino más bien resulta un longo puerco que quiere aparearse con todo mamífero que tenga cerca. Bien alejado del Super Amigos que yo conocía, pero cercanísimo a esa realidad feasa que llega cuando es adulto. Es cómo ver una serie de esas de drama serio de adultos, pero con la chispa y la alegría que nos dan los heroes con cuerpo escultural en mallas y licras. 

Crep que a la final The Boys me gustó porque ya no tengo tiempo de ver nada, y como sabía que tenia de todo me terminé picando. Tiene un poco de terror, tiene un poco de humor, tiene un poco de politicalight y hasta a ratos se pone asi transgresora nisqué. Tiene escenas de acción y tiene drama.

Y como estoy viendo en pirata, no tiene ni un comercial.


viernes, 7 de junio de 2024

Mi amor por Metriod, mariposas en 8 bits

Cuando tenía unos 5 años, vi a mis primos reunidos encima de una computadora haciendo bulla y gritando frente a un monitor que desde mis escasos metro y un poquito más de altura no alcanzaba a ver. Era una computadora, jugaban un juego que se llamaba Beach Head y yo sentía por primera vez ese calorcito en el pecho y el vacío en la panza que acompaña al acto de encontrar ese algo que te cambia la vida. Yo estaba ahí paradito, sintiendo como algo en mi se movía y mis partes nobles anunciaban su existencia. 

Todo comenzó cuando tenía solo 5. 

Ahí, escondido entre mis primos en el dintel de la puerta, conocí el amor romántico por primera vez. Me enamoré de una computadora y las posibilidades que esto traía. Yo sentía que podía ser un amor correspondido. Pero bueno, no voy a hablar de eso ahora (la edición sobre tecnofilia y fetiches informáticos aún no está definida) sino voy a hablar de la primera vez que me enamoré de una mujer de 8 bits, sin saberlo, mientras jugaba un juego de video. Para este punto, ya había jugado varias cosas. Me había comido la colección de juegos de Commodore que tenía mi papá, y había conocido a Mario y a Tetris gracias al Gameboy de mi ñaño. Ya hasta sabía yo de ese sistema operativo que me hacía sentir un hacker, el DOS con su parlante interno escandaloso y sus teclas taca taca que a cualquier tecladista que se respete provoca un gusto nostálgico que no sale así nomás con cualquier cosa. Yo tenía 10 años, pero aún faltaba lo mejor. 

Como dije, para este punto yo ya tenía una década de existencia y algunas veces las niñas ya me parecían bonitas (es más, ahí le vi semi sonreír por primera vez a Cristina Ricci en Los Addams 2 cuando le obligan a ser amigable en el campamento y me fregué la vida con las mujeres con cachitos y tendencias homicidas). A esa edad, todos mis amigos tenían su juego favorito, casi siempre porque era el juego que tenían en casa, así que este tal Metroid llegó a mis manos de préstamo a cambio de Megaman 3. Un amigo al que no le gustaba el juego me contó de esta aventura donde un cazarecompensas mataba cuquitos. No había más información que esa para empezar, pero para mi era suficiente. 
Acepté el intercambio, salí de clases, llegué a casa y puse la cocoa en la taza de colacao, la super 9 de fondo y la tele en el canal 3. Me puse a jugar y empecé a conectarme con el personaje. La primera sesión, estaba frustrado. No podía nada. La segunda, igual, muerto de iras. Para la cuarta o quinta vida, ya le agarraba el golpe pero me seguían pateando el trasero. Pasaron algunas semanas y cada tarde tenía una cita con este juego. Metroid me escuchaba en mis malos días, Metroid me acolitaba y no me juzgaba. Metroid cada vez me daba menos malos ratos y más logros y alegrías. Así nomás, un día al fin llegué a su final. Casi casi sin darme cuenta, esto estaba por acabar/comenzar. La canción de fondo había cambiado. El cuarto estaba más oscuro. Madre cerebro estaba ahí, con sus escudos y sus ataques combinados, con sus misiles y sus pinches loops de daño. Yo peleaba, yo me dejaba llevar por la música. 

Ese personaje de Metroid y yo, éramos uno y estábamos ganándole al cuco más maldito que había visto hasta ese punto. Al fin, lo logré. Al fin, lo logramos. “GREAT” dijo el texto, mientras me salían un poco de cosas en inglés que no había entendido, pero sabía que al fin lo logramos. El personaje se sacó el casco. El personaje era ella. Ella era Samus. Samus, la cazarecompensas que había destruido a los piratas espaciales de Zebes, que había vencido a la madre cerebro, el personaje que me había llenado de alegría las tardes se llamaba Samus Aran. Era una rubia hermosa. Tenía todos los pixeles donde debía y una sonrisa que ninguna arte ASCII puede imitar. Yo tenía 10, y me habia enamorado de la mujer más fuerte del universo sin darme cuenta. En ese momento, mi corazón saltó, sentí las maripositas, sentí que algo se elevaba en mi. Esa noche, me dormí sonriendo, me dormí sabiendo que habia encontrado al amor de mi vida. 

Ya han pasado casi 30 años de esto, ahora Samus ha aparecido en una docena de juegos y definitivamente está fuera de mi liga. Ahora Samus es mi gata y uno de mis tatuajes más queridos. Samus sigue siendo mi primer amor platónico y mi más querida compañera de batallas digitales… Aunque últimamente le ando echando el ojo a una tal Bayonetta, que me tiene loquito con sus lentes y sus piruetas, con sus pixeles y sus efectos en HD. A la final y muy en el fondo, mi amor es por los pixeles y las historias que cuentan, pero ya en serio, será que Bayonetta si me para bola?

Terminator: 6 1/2 The rise of the machuchins

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